MILLONARIO PREPARA UNA SORPRESA PARA SU PROMETIDA, PERO LO QUE VE AL LLEGAR A CASA ES DEVASTADOR

Un millonario decide regresar antes para sorprender a su prometida, pero al entrar a casa presencia una escena que

lo cambia todo. Ella humilla fríamente a la trabajadora de limpieza sin saber que

él está ahí. Lo que él hace después deja a todos en shock. Emiliano bajó del

avión privado con una sonrisa que no le cabía en la cara. Era viernes por la tarde y el cielo de Ciudad de México

estaba limpio, algo poco común. Había salido de una reunión importante en Monterrey antes de lo previsto y decidió

que no quería esperar más para ver a Renata. Llevaban seis meses comprometidos y últimamente ella se

había estado quejando de que casi no lo veía, así que pensó en sorprenderla sin avisar. Como antes, cuando la relación

era más ligera y menos exigente, pidió que no le mandaran chóer. Él mismo quería manejar el auto deportivo que

tenía guardado en el hangar. subió, puso música y manejó rumbo a su mansión con

la idea de llegar directo a abrazarla, oler su perfume y tal vez cenar juntos, algo simple. No hacía falta más. El

portón de hierro negro se abrió con solo leer la placa del coche. Emiliano cruzó el enorme jardín y aparcó justo frente a

la entrada principal. No avisó a nadie. Quería ver la expresión de Renata al verlo aparecer sin previo aviso. Bajó

con paso tranquilo, empujó la puerta y [música] entró. Lo primero que notó fue que había voces en el fondo, en el área

del comedor. Risas, pero no alegres, risas pesadas, como de burla. Caminó sin

hacer ruido, con curiosidad. Pensó que tal vez Renata estaba reunida con alguien o bromeando con las chicas que

solían visitarla. Cuando dobló por el pasillo y llegó al comedor, se congeló. Renata estaba de pie frente a una mujer

que no había visto antes, una empleada de limpieza, morena, con cabello recogido y uniforme sencillo. Debía

tener alrededor de 30 años. Tenía las manos entrelazadas frente al cuerpo, pero la espalda recta. Renata la estaba

mirando como si fuera basura. ¿Y tú quién te crees, eh, la reina de Inglaterra? ¿No sabes quién soy yo en

esta casa? La mujer no respondió, solo bajó un poco la mirada, pero no por su

misión. sino por evitar provocar más. A un lado, tres empleados más observaban

en silencio, sin atreverse a intervenir. Uno de ellos parecía incómodo. Movía los

dedos como si quisiera decir algo, pero no podía. Renata alzó la voz aún más.

[música] Te estoy hablando. Me vas a contestar, mugrosa, o te hago correr

ahorita mismo. Aquí nadie te ha dado confianza. ¿Quedó claro? Emiliano dio un

paso hacia delante, todavía sin entender qué estaba pasando. ¿Qué está pasando aquí? La voz de Emiliano retumbó en el

comedor. Todos voltearon hacia él, sorprendidos. Renata se puso pálida por

un segundo, luego fingió una sonrisa nerviosa. Amor, no sabía que habías

regresado hoy. Qué sorpresa. Emiliano no le devolvió la sonrisa, solo miró a la

mujer que Renata estaba atacando. Sus ojos se cruzaron por una fracción de segundo. Había orgullo en esa mirada.

Orgullo herido, pero orgullo al fin. No parecía una persona débil ni víctima,

solo alguien que estaba aguantando algo que no debía. [música] Te hice una pregunta, repitió Emiliano

sin quitar la vista de Renata. ¿Qué es esto? Ay, no es nada, mi amor. Esta señora se puso grosera conmigo. Yo solo

le pedí que limpiara bien la sala y me contestó de mala manera. [música] Ya sabes cómo es la gente que viene de no

sé dónde sin educación. Eso fue lo que pasó. La mujer habló por primera vez. Yo

no le contesté, solo le dije que ya había limpiado la sala, pero ella no quiso escucharme. Me gritó y empezó a

decir cosas. Su tono era sereno, pero cada palabra pesaba, [música] no temblaba ni bajaba los ojos. Emiliano la

observó en silencio, luego volteó a ver a los otros empleados. ¿Es cierto lo que ella dice? El joven que antes se había

mostrado inquieto dio un paso adelante. Sí, señor Emiliano, yo vi todo. Julia no

hizo nada malo. La señora Renata empezó a gritarle sin razón. Renata abrió la boca, [música] pero Emiliano levantó una

mano. No necesitaba escuchar más. Respiró hondo y se acercó a ella. Quiero que te vayas. ¿Qué? ¿Que te vayas

ahorita? No me interesa qué pasó exactamente. No quiero a nadie en esta casa que trate así a los demás y menos

frente a todos, como si fueran menos. ¿Me estás corriendo a mí? [música] Sí.

Renata no lo podía creer. Lo miró esperando que cambiara de opinión, pero él seguía firme. Dio media [música]

vuelta, furiosa, y salió sin decir nada más. Todos los presentes quedaron en silencio. Emiliano se acercó a Julia.

¿Estás bien? Sí, gracias. ¿Cómo dijiste que te llamas? [música] Julia. Mucho

gusto, Julia. Bienvenida. Ella asintió seca, pero sin dureza. Luego volvió a su

trabajo como si nada, pero Emiliano se quedó mirándola unos segundos más, sin saber exactamente por qué. subió a su

cuarto. El ambiente de la casa había cambiado. Se sentó en la orilla de la cama, sintiendo que acababa de romper

con algo que ya no tenía arreglo, pero al mismo tiempo sentía que había hecho lo correcto. Lo único que no entendía

era por qué esa mujer, Julia, le había provocado una sensación tan rara, una

mezcla de respeto, intriga y algo más que no quería nombrar todavía. Esa noche

no pudo dormir del todo. Cerraba los ojos y veía la escena una y otra vez, el tono de voz de Renata, la manera en que

Julia no se rebajó, los empleados callados [música] mirando con miedo. Algo en esa dinámica lo había hecho

despertar. Era su casa, pero no sabía lo que pasaba ahí. Había dejado de ver y

ahora [música] ya no podía dejar de mirar. Emiliano amaneció con el ceño fruncido. Había dormido poco. Las

imágenes de la noche anterior le daban vueltas en la cabeza como si fueran una película que no podía detener. [música]

Se levantó antes que el sol y bajó a la cocina, algo que no hacía desde hacía meses. La cocinera, [música]

doña Petra, casi se va de espaldas cuando lo vio entrar en pijama y pantuflas. Todo bien, joven Emiliano sí,

todo bien. Solo no podía dormir. Petra no preguntó más. Le sirvió un café cargado y pan dulce caliente. Mientras

comía en silencio, [música] Emiliano pensaba. Sabía que lo que había hecho con Renata iba a traerle consecuencias.

No era cualquier mujer. Su papá era socio en una empresa aliada. Había intereses de por medio, pero no le

importaba. Lo que había visto la noche anterior no tenía excusa. A veces uno ve cosas que no se pueden desver. Después

del desayuno, subió a su despacho y llamó a su abogado de confianza. Javier, voy a necesitar que prepares unos

documentos. Quiero dejar claro que lo mío con Renata ya no va. [música] Nada de boda, nada de unión de bienes, cero

acuerdos. Javier no preguntó detalles, solo dijo que en una hora pasaría por la mansión para que firmara todo. Emiliano

colgó sintiendo que se quitaba un peso de encima. A media mañana bajo al jardín. El ambiente en la casa era raro.

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