“¿ACEPTAS $500 POR SER MI PAREJA HOY?” DIJO LA HEREDERA AL PLOMERO… LO QUE ÉL PIDIÓ A CAMBIO…

¿Aceptas $500 por ser mi pareja hoy?”, dijo la heredera al plomero. “Lo que él

pidió a cambio. $500 por hacerte pasar como mi novio durante unas horas”. Sofía

extendió el fajo de billetes hacia el hombre que acababa de reparar la tubería de su vestidor. Los billetes verdes

formaban un abanico perfecto entre sus dedos con manicura francesa. El candelabro de cristal sobre sus cabezas

arrancaba destellos dorados del dinero. Mateo cerró su caja de herramientas sin

mirarla. No estoy en venta, señorita. El silencio en el vestíbulo de mármol fue

tan pesado que Sofía sintió cómo le aplastaba el pecho. Los tacones lubutín

que había usado para parecer más alta, más imponente, de repente le parecieron

ridículos. Son 10,000 pesos. Su voz sonó más desesperada de lo que pretendía. Por

un solo día, Mateo se enderezó. Sus ojos oscuros la miraron con una intensidad

que hizo que Sofía retrocediera un paso. No era la mirada de admiración o codicia

a la que estaba acostumbrada. Era algo peor. Decepción. Guarde su dinero.

Levantó su caja roja de herramientas. El servicio son 180 pesos. Las manos de

Sofía temblaron. Había ensayado este momento durante los 20 minutos que él tardó en reparar la fuga. Había

calculado cuánto ofrecerle. Había practicado el tono casual, desapegado,

pero la realidad era que no sabía cómo pedir esto sin sonar exactamente como lo que era. Desesperada. Espera. Se

interpuso entre él y la puerta principal. Por favor, ¿no sabes lo que me están pidiendo que haga? Pagarle a un

desconocido para que finja ser su pareja. Sí, me queda claro. El sarcasmo en su voz fue como una bofetada. Sofía

tragó saliva sintiendo como el orgullo que había sostenido su espalda recta durante 28 años comenzaba a doblarse.

“Mi prima se casa en 10 días”, las palabras salieron atropelladas con mi ex

prometido en el salón principal del Hotel Duarte, frente a toda la sociedad de México. Y yo, yo no puedo presentarme

sola otra vez. Mateo dejó la caja en el suelo. No por compasión Sofía lo supo de

inmediato, sino por curiosidad. Otra vez, tres horas antes, el domingo había

comenzado como cualquier otro en la mansión de las lomas. Sofía se había despertado al sonido de su teléfono,

vibrando con las felicitaciones de cumpleaños retrasadas que su círculo social enviaba, porque finalmente habían

visto sus stories de Instagram. Ninguna importaba. Entonces escuchó el agua. El

sonido de una cascada dentro de su vestidor la hizo saltar de la cama. Agua brotaba del techo empapando el piso de

mármol italiano que su padre había importado de carrara. Los zapatos de diseñador flotaban en un charco que

crecía por segundos. Marta, su grito resonó en la casa vacía. La mujer de 50

años que llevaba 15 trabajando para los Duarte apareció en la puerta secándose

las manos en el delantal. Señorita Sofía, ya llamé a don Primitivo, pero no contesta. debe estar de vacaciones

todavía. ¿Y ahora qué hago? Sofía observó impotente como el agua arruinaba

cada objeto que tocaba. Esperar hasta mañana mientras mi vestidor se inunda. Marta ya tenía su teléfono en la mano.

Busco en internet, servicio de emergencia, domingo. Sus dedos se movieron torpemente sobre la pantalla.

Aquí, Rivas Plomería, tiene 4.9 estrellas. Llegó en domingo honesto, con

precios, excelente trabajo. Sofía apenas escuchaba. Su teléfono vibró con una llamada entrante. Daniela, su prima,

nunca llamaba, solo enviaba mensajes pasivoagresivos en el chat familiar o

publicaba fotos diseñadas para hacer sentir mal a los demás. Una llamada directa solo podía significar una cosa,

problemas. Sí, prima, tengo noticias emocionantes. La voz de Daniela goteaba

miel falsa. Alejandro y yo nos casamos en 10 días. Papá consiguió el salón

principal de tu hotel para la recepción. ¿No es maravilloso? El vestidor siguió inundándose, pero Sofía ya no lo veía.

El mundo se había reducido a la voz de su prima y al sonido de su propia sangre bombeando en sus oídos. Alejandro, sí,

tu ex. Bueno, técnicamente nunca fueron novios oficiales, ¿verdad? Así que no es

como si te lo estuviera robando. Una pausa calculada. Obviamente estás invitada. Sería raro que la familia

Duarte no asistiera a una boda en su propio hotel. Sofía cortó la llamada. Sus manos temblaban tanto que el

teléfono cayó al charco de agua a sus pies. No se agachó a recogerlo. No podía

moverse. 6 meses. Habían pasado solo se meses desde que Alejandro le dijo que

era demasiado superficial para construir un futuro real con ella. Y ahora se

casaba con Daniela. En 10 días en su hotel. Señorita, el plomero llegará en

20 minutos. La voz de Marta la trajo de vuelta. Daise que cobra tarifa de emergencia por domingo, pero que puede

estar aquí rápido. Sofía asintió sin hablar. Se quedó parada en el marco de la puerta, viendo como el agua destruía

metódicamente todo lo que poseía, y pensó que era una metáfora perfecta de su vida. Cuando el timbre sonó, Marta

abrió la puerta a un hombre de treint y tantos años con overall de trabajo y una caja roja de herramientas. Cabello

negro, mandíbula definida, manos callosas, nada extraordinario, otro

trabajador más. Pero entonces la miró y Sofía vio algo en sus ojos que no había visto en años. No admiración por su

belleza o su apellido, no envidia por su riqueza, solo profesionalismo, como si

ella fuera simplemente otra cliente con un problema que resolver. Mateo Rivas, ¿dónde está la fuga? Sofía lo guió al

segundo piso, consciente de repente de su aspecto desarreglado, cabello sin cepillar, sin maquillaje, en pijama de

seda. Normalmente no permitiría que nadie la viera así. Hoy no le importaba.

Es aquí. Mateo entró al vestidor inundado y silvó bajo. Va a necesitar un milagro para salvar ese piso. ¿Puedes

arreglarlo? La tubería. Sí, el piso. Negó con la cabeza. Eso está fuera de mi

alcance. Algo en la forma en que lo dijo, sin dramatismo, solo hechos, hizo

que Sofía sintiera una punzada de envidia. Qué fácil debía ser tener problemas con soluciones claras. Tubería

rota, se arregla, piso dañado, se reemplaza, corazón destrozado, orgullo

pisoteado, familia que te usa como entretenimiento. No había plomero para eso. Mateo trabajó en silencio durante

20 minutos. Sofía lo observó desde la puerta, fascinada por la precisión de

sus movimientos. Cada giro de la llave inglesa era seguro, cada ajuste calculado, manos que sabían exactamente

Related Posts

Our Privacy policy

https://tl.goc5.com - © 2026 News