
Necesito un novio para la cena de Navidad”, rogó la SEO. El taxista padre soltero, aceptó con una condición.
“Necesito que seas mi novio esta Navidad. Te pagaré 10,000 pes por una noche.” Las palabras salieron de la boca
de Sofía como una confesión arrancada a la fuerza. se inclinó hacia adelante en el asiento trasero del taxi, sus manos
temblando mientras se aferraba al respaldo del asiento del conductor. Mateo pisó el freno con tanta fuerza que
ambos se sacudieron hacia adelante. Giró en su asiento para mirarla directamente, sus ojos cafés abiertos como platos bajo
la luz intermitente de las decoraciones navideñas que colgaban en la calle. Disculpe, escuché lo que dije. Sofía se
pasó una mano por el cabello perfectamente peinado, deshaciendo horas de trabajo del estilista. Sé que suena
demente, pero necesito un novio para la cena de Navidad de mi familia. Una noche, eso es todo. Mateo soltó una risa
corta, sin humor. Señora, creo que bebió demasiado en su fiesta. Estoy
perfectamente sobria. Era mentira. Tres copas de champán bailaban en su sistema,
pero su desesperación era completamente real. Y no es señora. Tengo 35 años, no
Entonces debería saber mejor que ofrecerle dinero a un extraño para que
se detuvo negando con la cabeza. No, la respuesta es no. Sofía sintió como el
pánico trepaba por su garganta. Había pasado los últimos 20 minutos del trayecto reuniendo el coraje para hacer
esta propuesta insana. Y él la estaba rechazando en menos de 30 segundos.
20,000. Los dedos de Mateo se tensaron sobre el volante. Por un momento, algo pasó por su rostro, tentación quizás o
curiosidad, pero luego endureció su mandíbula. No necesito su caridad. No es
caridad, es un trabajo, una actuación. Sofía se deslizó hacia el borde del
asiento, acortando la distancia entre ellos. Solo necesito que vengas a una cena. Finja ser mi novio por unas horas
y nunca volveremos a vernos. ¿Por qué? La pregunta cayó entre ellos como una
piedra en agua quieta. Sofía cerró los ojos. Podía escuchar la voz de su madre
en su cabeza, ese tono cortante que había perfeccionado durante décadas. Tu
hermana menor ya se comprometió, Sofía. ¿Cuándo vas a dejar de esconderte detrás de tu trabajo y traer a casa a alguien
decente? Porque le dije a mi madre que tenía novio para que dejara de torturarme sobre mi vida amorela
inexistente. Las palabras salieron rápido, avergonzadas. Y ahora espera
conocerlo en la cena de Nochebuena. Mateo la estudió en silencio. La luz de un poste navideño bañó su rostro en
tonos rojos y verdes, haciendo imposible leer su expresión. y de todos los hombres en Buenos Aires, eligió al
conductor de taxi que la recogió esta noche. Exactamente por eso. Sofía se
enderezó recuperando algo de su compostura de sío. No conoces a mi familia, no conoces mi mundo. No tendrás
que ver a estas personas nunca más después de una noche. Es perfecto. Es una locura. Lo sé. Sofía se dejó caer
contra el respaldo, sintiendo todo el peso de su patética situación. Olvídelo,
solo lléveme a casa. El silencio llenó el taxi como humo espeso. Mateo volvió a
mirar al frente, pero no encendió el motor. Sus dedos tamborileaban sobre el volante en un ritmo nervioso. Entonces,
su teléfono sonó. Mateo miró la pantalla y todo el color abandonó su cara.
Contestó con una voz que Sofía apenas reconoció, tensa, atemorizada. Doctora,
Paz, ¿qué pasó? ¿Está bien, Luna? Sofía se quedó congelada. Luna. una hija. No
entiendo. Sí, estaré ahí. Gracias por avisarme. Cuando colgó, sus manos temblaban tanto que casi deja caer el
teléfono. ¿Está todo bien? Sofía se escuchó preguntar sorprendida por su propia preocupación. Mi abogada. Mateo
se pasó ambas manos por la cara. La audiencia de custodia es en seis días. Mi exesposa está peleando por quedarse
con mi hija. El corazón de Sofía dio un vuelco ante el dolor crudo en su voz. Lo
siento. No. Mateo giró nuevamente hacia ella y esta vez había algo diferente en
sus ojos, algo desesperado y calculador al mismo tiempo. Su oferta todavía está
disponible. Sí, pero lo haré. Pero tengo una condición. Sofía sintió un
escalofrío recorrer su columna, la forma en que lo dijo, como un hombre que acababa de decidir jugarse todo en una
última carta desesperada. ¿Qué tipo de condición? Mateo se inclinó hacia adelante, eliminando el espacio entre
ellos. Sofía pudo ver las líneas de cansancio alrededor de sus ojos, la sombra de barba de alguien que trabaja
demasiadas horas y algo más, una determinación feroz que reconoció porque
la había visto en su propio espejo. Vengo a su cena de Navidad. Finjo ser su novio perfecto. Su voz era baja,
intensa. Pero usted viene a mi audiencia de custodia el 27 de diciembre y finge
ser mi pareja estable, la mujer exitosa que prueba que puedo darle a mi hija un hogar adecuado. El aire abandonó los
pulmones de Sofía de golpe. Eso es eso es completamente diferente. Una
audiencia legal es un trato justo. Mateo no pestañeó. una noche de actuación por
otra, solo que la mía tiene consecuencias reales. Si mi ex gana la custodia, pierdo a mi hija. Su cena
familiar sobrevivirá a eso. Sofía abrió la boca, la cerró. Él tenía razón.
sea. Una cena incómoda versus perder a un hijo. No había comparación.
Pero mentir en una corte, no tengo que mentir mucho, ¿verdad? La pregunta salió más débil de lo que pretendía. Solo
estar ahí. Solo estar ahí. Mateo extendió su mano. Tenemos un trato.
Sofía miró esa mano callosa con las uñas cortas, la mano de alguien que trabajaba
con ellas, y supo que estaba a punto de cruzar una línea que no podría descruzar. Pensó en su madre. En la cena
de Nochebuena, en años de comentarios punzantes sobre su vida vacía, pensó en
una niña llamada Luna, que podría perder a su padre. Tomó su mano, su palma era
cálida y firme. Trató. La sonrisa de Mateo no alcanzó sus ojos. Entonces,
novia, creo que necesitamos aprender todo sobre el otro antes del 24. Soltó
su mano y sacó su teléfono. Dame tu número y prepárate porque mi abogada va
a necesitar tu información completa. Nombre completo, profesión, dirección.
Sofía Navarro, CO de propiedades navarro. Mateo se congeló con el teléfono a medio camino hacia ella.
Laceo de los rascacielos en Puerto Madero. Los mismos él dejó escapar un